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Tomar sol, ¿es bueno o malo?

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Cuestiones básicas (y no tanto) sobre el bronceado y la protección solar que debes saber. ¿Cuál es la forma ideal de exponerse al sol?

Lo bueno y lo malo

La radiación solar está compuesta por dos tipos de rayos que pueden afectar nuestra piel: los UVA, que están presentes con la misma intensidad todo el día y todo el año; y los UVB que son más potentes de 10 a 16 horas. Los primeros (UVA) pueden causar fotoenvejecimiento, tono irregular en la piel, arrugas, alergias y cáncer de piel. Los UVB, quemaduras solares y, también, cáncer de piel. 
¿Es todo negativo, entonces? La respuesta es no. El sol aporta vitamina D, que permite que el calcio se fije en nuestros huesos y los haga más resistentes. Además, nos da un tono bronceado que nos embellece. 
Para sacar el máximo provecho de estos beneficios, controla tu exposición. La radiación solar nos afecta más o menos según las circunstancias: la posición del sol, el momento del día, la época del año, la latitud y altitud en la que nos encontramos, si está nublado, la concentración de ozono, entre otros. También debemos evaluar si hay o no elementos que puedan reflejar la luz (arena, nieve y agua, entre otros) porque, en esos casos, estaríamos recibiendo radiación desde “arriba” y desde “abajo”.

La importancia de la protección

Para tomar sol y proteger tu piel, no deberías exponerte de 10 a 16 porque la intensidad de la radiación es mayor. Y, por supuesto, bebés y niños, ¡a la sombra! Las quemaduras solares sufridas durante la infancia predisponen al cáncer de piel en la adultez. 
Si vas a estar al sol –por ejemplo, practicando algún deporte o actividad al aire libre–, usa ropa que esté confeccionada con telas que eviten el pasaje de la radiación solar, aplica tu protector solar media hora antes de la exposición y  renuévalo cada dos horas (sí, siempre). También tienes que reaplicarlo si nadas, transpiras o te secas con una toalla para mantener su efecto. 
Importante: el tipo de factor de protección solar que necesitas corresponde con tu tipo de piel. Pieles más claras requieren de una protección más alta (40, 50 y 60). Las más oscuras, en cambio, podrían protegerse con factores de 30 o 40. El protector que elijamos, además, debe brindarnos protección solar tanto para los rayos UVA como los UVB; esto debemos leerlo en las etiquetas de los envases.

¡Ojito con las zonas sensibles!

Las zonas del rostro y del cuerpo que son más sensibles al sol son los labios, párpados, la raya del cuero cabelludo, las orejas, el cuello, la nuca, el escote, los empeines y la parte posterior de las rodillas. Al tomar sol, es importante aplicar protector especialmente en estas áreas que se pueden resecar y quemar con mayor facilidad. 
¿Qué cantidad de protector solar debemos usar? 2 mg por cm2 de piel. Y siempre hay que aplicarlo de manera uniforme. Busca productos con texturas ligeras y agradables, que se distribuyan bien por tu piel.  Teniendo en cuenta los cuidados necesarios no solo lograrás un bronceado duradero sino que también harás que tu piel esté fuerte, luminosa y bella.

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